Florentino y Ramos: De Pimpinela a bailar pegados

Esta mañana se ha escenificado la renovación de Sergio Ramos. Una renovación que iba a caer por su propio peso. Desde que marcara el gol de la Décima, el camero sabía  que ese gol le iba a aupar en la jerarquía del equipo. Pero la capitanía no era suficiente. Quería que ese reconocimiento llegara no solamente en el campo, también en los despachos. Florentino, por su parte, no quería tocar su modus operandi: renovar al jugador un verano (dos como mucho) antes de que acabe contrato. Sergio tenía contrato hasta 2017 y, evidentemente, la renovación se comenzaría a plantear a partir de este verano. Pero los acontecimientos se precipitaron. 

El desenlace de esta pasada temporada hizo que se tuviese que jugar al poli malo. No hubo ningún título con el que se pudiera excusar el central en su renovación. Y a partir del mes de junio, tanto él como su entorno dejaron caer su enfado a la prensa. Un sector aprovechó la situación para hacer campaña, otro para forzar fichajes...Lo cierto es que a Sergio Ramos le han salido más novias que a David Bisbal: que si el United, que si Jordi Majó en Can Barça, que si Guardiola lo quería,...

Sergio Ramos y Florentino en el acto de este mediodía en el Estadio Santiago Bernabéu / Real Madrid

Estaba cantado desde el primer momento que ni Florentino Pérez quería su marcha ("si te vendo, al día siguiente me he de ir", le dijo el máximo mandatario blanco al defensa) ni a Sergio Ramos le apetecía marcharse ("nunca me ha movido el dinero, lo importante es la felicidad de mi familia", ha dicho este mediodía). Todo el ruido que se ha hecho alrededor de la renovación filtrando ofertas o intereses fingidos ha sido el principal instrumento para azotar a Florentino Pérez, que hace un mes tenía a Ramos enfadado, a Cristiano en el PSG y a De Gea para el año que viene. Pero el presidente blanco, como diría Luis Aragonés, tiene el culo pelao en esas batallitas. Dos de los tres asuntos ya están archivados con candado y el tercero se cerrará en lo que queda de agosto. 

Sergio y Florentino. Florentino y Sergio. Su silencio ha alimentado un debate veraniego de los que gustan. Sin embargo, estaban condenados a entenderse. Al igual que lo estaban Cristiano y Florentino o Daniel Levy y Florentino en los dos veranos anteriores. Florentino es un experto en este tipo de batallas. Acuérdense de las batallas con Mourinho por entrenar a Portugal o por traer a Hugo Almeida, o con Ancelotti por traer a Ramires en lugar de Toni Kroos

El cuento acaba bien. El final es feliz para Florentino, para Ramos y, lo más importante, para el Real Madrid. Con él, los blancos se aseguran un verdadero líder del vestuario y un defensa con alma de delantero. Un gran central al que el mundo del fútbol está cansado de ponerlo a la altura de Maldini. Un jugador al que no merece la pena deformar colocándole en el lateral derecho o en el centro del campo. Florentino lo sabe y antes de olvidarle y darse la vuelta, como Pimpinela, ha preferido bailar pegado con una institución de la casa blanca y de la selección española. 

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