El Madrid pierde el partido, y el carácter, y las estadísticas y los nervios...

Fue marcharse Sergio Ramos del campo y el Madrid comenzó a perder el partido. Faltó liderazgo, ambición y orden. No sé si es casualidad o la figura de Keylor Navas hasta la fecha tapaba todas las carencias de un equipo que vivía bajo el escudo de los resultados. En Vigo, en París o en el Calderón, a falta de juego, salvó al equipo el carácter. En el Pizjuán se acabó el partido sin carácter. 

El Real Madrid salió enchufado al Sánchez Pizjuán y ni el Arrebato ni el canto a capella del himno por parte de la afición sevillista le inquietó. Poco a poco, por más insistencia que fútbol los de Benítez llegaron al área local hasta que en el minuto diez Nacho, que tenía la difícil tarea de hacer olvidar a Marcelo, estrelló un magnífico disparo desde la frontal al larguero. Pasado el minuto veinte, un saque de esquina de los blancos, que hoy vestían de oscuro, llegaría a Sergio Ramos para que, libre de marca, marcara uno de los goles de la jornada con una media chilena. El Madrid se ponía por delante de forma merecida. Al Sevilla le costaba un mundo crear juego y trataba de sacar el balón jugado desde su campo sin éxito. 

Minutos después, Gareth Bale tendría otra ocasión clara que Sergio Rico desbarataba con una buena intervención. Debido a la caída en el gol, Ramos no pudo seguir en el campo por el golpe en el hombro y entró en sustitución del camero Varane. Con el francés en el campo el equipo se echó atrás. Se notó la ausencia de Ramos. El Sevilla la aprovechó para dar un paso adelante y hacerse dueño y señor del encuentro en el último cuarto de hora de la primera mitad. A diez minutos para llegar al descanso, un saque de esquina sevillista fue aprovechado por Ciro Immobile, tras un error encadenado de la defensa blanca y una mala salida de Kiko Casilla, para establecer las tablas en el marcador. Con empate se acababa la primera parte. 

Los jugadores del Madrid tras encajar el tercer gol / Imagen: LFP

En la segunda mitad ambos equipos salieron al ataque, pero el Sevilla fue quien fue cogiendo campo contrario y eso se tradujo en ocasiones de gol. Bueno, ocasiones y goles. Al cuarto de hora, una magnífica combinación entre Konoplyanka e Immobile por la banda izquierda acabó con un pase de la muerte que Banega, que llegó en segunda línea, empujó a gol. Rafa Benítez quiso poner remedio al resultado en contra dando entrada a James Rodríguez, en sustitución de Isco, que estaba siendo el mejor del Madrid. De nuevo, lejos de ser valiente y quitar a Bale, que estuvo muy gris, volvió a tirar por el cambio fácil. El Sevilla poco a poco lograba desquiciar a base de fútbol a un Real Madrid que se estaba descosiendo a medida que pasaban los minutos y que derivó en una pasividad impropia de jugadores de un club como el blanco. Para rematar la noche local, Fernando Llorente a un cuarto de hora del final anotaría el tercer tanto que sentenciaba el partido. El tercer gol sevillista sirvió para que los de Benítez acabaran de descoserse. Desde ese instante hasta el final, veríamos un monólogo en el campo. El Sevilla, entre olés, mantenía la posesión mientras que los blancos se negaban a presionar. Un gran gol de James en el descuento sirvió para maquillar una noche desastrosa.

Se avecinan dos semanas intensas en Valdebebas. Hay parón de selecciones antes de enfrentarse al Barça. Rafa Benítez tiene tiempo de sobra para buscar soluciones, no excusas, para su equipo, que en los últimos partidos se ha salvado gracias al carácter más que por el juego. La ausencia de Keylor ha destapado las carencias del equipo y, ante situaciones de dificultad, el técnico madrileño no ha sido valiente y ha optado por los cambios fáciles. Hoy jugadores y técnico quedan señalados.

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