La otra cara (o careta) de los jugadores del Barça

Hace unos años el jugador del Barça que se ponía una máscara era porque el rival le había partido la nariz o el pómulo. Cuando en el vestuario había líderes de la talla de Xavi Hernández, Carles Puyol o Pep Guardiola. Un Barça al que el mundo admiraba no solo por cómo ganaba seis títulos entre 2008 y 2009, sino por cómo se comportaba su capitán ante los micrófonos después de los partidos. No han pasado ni seis meses de la marcha de Xavi y el vestuario ya le echa de menos. 

Antes el vestuario estaba en manos de Puyol, de Víctor Valdés, de Xavi Hernández, también de Iniesta. Ahora se ha dado barra libre a Neymar, a Piqué, a Jordi Alba, a Dani Alves y han convertido el Barça en un circo. Poco a poco fueron llegando los bailecitos con los goles, las provocaciones a los rivales o los desprecios al Real Madrid tras ganar una Supercopa ("vamos chavales, vamos a celebrarlo, que se jodan los del Madrid, que nos vean dar la vuelta", ¿se acuerdan?). Si he de ser sincero, todas estas conductas con Guardiola, Tito Vilanova o Xavi al frente de un vestuario me parecen inconcebibles, pero es el precio que pagas si dejas el vestuario en manos de cualquiera. Cuando el Barça fichó a Luis Suárez me parecía que, pese a que tenían la mejor delantera del mundo, eran demasiados gallos en el gallinero de Luis Enrique. El técnico asturiano en su primer intento de poner orden en este vestuario salió escaldado hasta el punto de que casi cuesta su cabeza al sentar a Messi y a Neymar en Anoeta. 

Los jugadores del Barça, tras vencer al Getafe / Imagen: SPORT

Está bien que los jugadores quieran tener un gesto por Halloween, pero las formas son lo primero. Si quieres montar una fiesta estás en tu derecho, pero en la intimidad, no interrumpiendo la rueda de prensa del equipo al que has ganado. Por si fuera poco, a las palabras de Ángel Torres, a las que no le quito ni una coma de razón, ha contestado Dani Alves con su pasotismo habitual. Ya puso toda la directiva patas arriba porque no le querían renovar y justo tras renovar, no solo baja su rendimiento, sino que justifica dichos comportamientos porque la vida es chula y nosotros también lo somos. A los valors que tanto trabajó el cuerpo técnico de Guardiola y Vilanova el Barça actual le ha dado calabazas. Ni truco ni trato. 

Y ya por acabar. La sensación que me da este Barça de noviembre es de descontrol total. Descontrol porque los que parten el bacalao en el vestuario son los que son y, salvo Messi, parece que son intocables para cualquier empleado del club. Descontrol porque Luis Enrique, que, como entrenador, debería poner orden, está atado a otra posible revolución dentro del vestuario como a principios de la temporada pasada. Y, por último, descontrol porque la Directiva, lejos de apaciguar el ambiente, está más preocupada de que el Barça sea Cataluña y de conseguir el oro y el moro.

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