El 'impulso' se llama Mourinho

"El Real Madrid necesita un nuevo impulso para alcanzar su máximo nivel competitivo". Estas eran las palabras con las que el pasado 25 de mayo Florentino Pérez en rueda de prensa justificaba la destitución de Carlo Ancelotti. El elegido para coger el timón del primer equipo en sustitución del italiano, como apuesta personal de José Ángel Sánchez, fue Rafa Benítez. La querencia de plantilla y parte de la afición hacia el italiano hizo que Benítez partiese con la desventaja de tener que ganarse a la afición haciendo olvidar al técnico de Reggiolo. Y eso sólo se consigue con victorias contundentes o buen juego. Más de ciento cincuenta días después, el madrileño no ha conseguido ni una cosa ni otra. Con resultados adversos, la peor puntuación en Liga de los últimos años y, sobretodo, parte de la plantilla distanciada sí que es necesario un nuevo impulso. Este impulso desde el jueves está libre, es portugués y se llama José Mourinho

El vestuario necesita un entrenador en quién creer

Ha quedado demostrado que el método Rafa Benítez en los tres meses de competición que llevamos no ha funcionado. El técnico ha querido ser fiel a su método y a sus leyes como si fuera Newton y no se ha dado cuenta de que eso en el Real Madrid no funciona. Nada más comenzar la temporada no alineó a James, en teoría porque no había completado toda la pretemporada y necesitaba más entrenamientos. Después, hasta la tercera rueda de prensa fue incapaz de decir que Cristiano era el mejor jugador al que había entrenado, culpó a Sergio Ramos de una de las ocasiones clave del derbi madrileño...Y pare usted de contar. Lejos de arroparles en rueda de prensa, Benítez optó por afirmar que Ramos sabe que lo hizo mal. Poca autocrítica, que mira al vestuario. Evidentemente, si esto lo hubiese dicho el portugués se hubiese llevado palos para hacer un fuerte.


Rafa Benítez dando instrucciones ante la mirada de Mourinho / Imagen: Sky Sports

Dos años destrozando la herencia contragolpeadora que dejó Mou

Cuando se destituyó hace unos meses a Ancelotti, había quienes le defendían diciendo que había ganado la Décima y que aunque un Barça adentrado en una crisis (no lo olviden, se convocaron hasta elecciones) les hubiera levantado tres títulos, le tenían que renovar veinte años más. No lo olviden. El Real Madrid llegó a la final de Lisboa exhibiendo en el Allianz Arena la guinda del pastel del juego que se había trabajado con Mou. El Madrid le endosó cuatro al Bayern de manera eléctrica jugando al contragolpe. En su segundo año, el portugués hizo de los blancos el mejor contragolpe del mundo. Luego, Ancelotti quiso amoldar ese contragolpe al toque, que acabó convirtiéndose en un juego rácano y somnífero. Cuando Mourinho hacía cumplir a su equipo sus tres reglas de oro (intensidad, concentración y velocidad) se veía al mejor Real Madrid de los últimos diez años.

Devolvió al Madrid a unas semifinales de Champions 8 años después

Cuando José Mourinho ganó la final de Champions en el Bernabéu contra el Bayern en el 2010 con jugadores como (con todos mis respetos) Cambiasso, Lúcio, Chivu, Pandev, Muntari o Zanetti, el Real Madrid llevaba siete años seguidos sin oler las semifinales de la competición europea y seis sin pasar de octavos. Desde 2004. Con el portugués en el banquillo, el Real Madrid estuvo en semifinales los tres años y, lejos de caer contra el Lyon, como sucedía antaño, le eliminó el Barça, el Bayern y el Borussia. 

El Madrid de Mou ganó la mejor Liga de la historia

Nunca antes nadie había logrado ganar la Liga sumando cien puntos y anotando 121 goles. Ni el Barça de Guardiola, ni el Dream Team, ni la MSN... El Madrid de Mou. Además, esta Liga se ganó en el Camp Nou, escenario que había sido últimamente testigo de decepciones madridistas año tras año. ¡Ah! y contra el Barça de Messi, Xavi e Iniesta, es decir, el mejor Barça de la historia. No lo olvidemos, además de ganar esta Liga, Mourinho llegó a dos finales de Copa del Rey en tres años. Una la ganó al Barça de Guardiola, lo que comenzó a ser el freno a un equipo que estaba intratable en los últimos años, y la otra la perdió, ya en el ocaso de su etapa, contra el Atlético de Madrid. 

El Madrid necesita a Mou y Mou necesita al Madrid

De los últimos partidos clave de esta Liga (me refiero a Sevilla, Barça y Villarreal) los blancos no han ganado ninguno y, además, ningún jugador ha sido capaz de pegar cuatro gritos y levantar el ánimo en el vestuario. En el Sánchez Pizjuán los blancos se pusieron por delante y, sin justificación alguna, bajaron los brazos y vieron cómo los sevillistas les levantaban un partido que tenían controlado. Una semana más tarde, en el Clásico, ni siquiera comparecieron y un magnífico Barça les pintó la cara y contra el Villarreal se desecharon cuarenta y cinco minutos. En cualquiera de los clásicos de la era Mou los blancos tienen más disparos a puerta que en éste último.

Oportunidad de sanar las heridas que dejó su adiós

Siempre he defendido, y creo que es lo más cierto, que Mourinho se fue porque quiso. Su continua batalla en la sala de prensa produjo un desgaste enorme al portugués que hizo de cada comparecencia ante los medios un martirio. Además, fruto de ese desgaste vino por su polémica con Casillas, que ya no está en el Madrid. En caso de que volviese a la casa blanca tendría la oportunidad de comenzar de cero con la prensa. Creo que sus comparecencias no son comparables con las de Benítez o Ancelotti. Podría seguir forjando la leyenda a la que la historia del fútbol está obligando. El mejor club del mundo está hecho para que lo entrene el mejor entrenador del mundo y viceversa. Ya lo dijo Miguel Látigo Serrano, es muy difícil que el Madrid encuentre un técnico mejor que Mourinho, pero es imposible que Mourinho encuentre un club mejor que el Madrid

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