Crónica de una destitución anunciada

El Real Madrid ha destituido a Rafa Benítez. Los resultados, el distanciamiento con la plantilla, sobretodo, y los viejos vicios han condenado al técnico madrileño. Muchos decían en junio (y me incluyo) que Rafa Benítez era un buen entrenador, y sus títulos le avalaban, pero que no era entrenador para el Real Madrid. El riesgo de esconder todas las carencias del equipo tras un jugador (como Keylor Navas en las primeras jornadas) o tras los resultados conlleva que cuando éstos desaparecen te quedas sin argumentos. Como ha adelantado este mediodía Paco González, en Deportes COPE, Zinedine Zidane cogerá las riendas del primer equipo con Santiago Hernán Solari de segundo entrenador.


Rafa Benítez llegó avalado por el director general del club y mano derecha de Florentino Pérez, José Ángel Sánchez. El máximo mandatario blanco dio un voto de confianza a Sánchez y descartó al resto de nombres que estaban en las quinielas para sentarse en el banquillo blanco: Jürgen Klopp, que hubiese llegado gratis tras desvincularse del Borussia Dortmund, Unai Emery, que hasta última hora no renovó con el Sevilla, Zidane o Míchel. Florentino había escogido a los dos anteriores técnicos, Mourinho y Ancelotti, y quiso dejar la elección esta vez a un hombre de confianza. Y le salió rana. El madrileño llegó a la casa blanca con la difícil tarea de ganarse a una plantilla desanimada por la marcha de Carlo Ancelotti y con la misión de quitarse esa etiqueta de defensivo de la que era acusado. "Con estos jugadores tenemos que atacar", dijo en la presentación. Durante los distintos test de pretemporada se vieron gotas de un Madrid sólido, organizado y, por momentos, vibrante en ataque. En algunas fases se parecía al Madrid de Mourinho, pero todo se quedó en un espejismo. 

Rafa Benítez accediendo a la sala de prensa / Imagen: Agencia EFE

Sin embargo, al iniciarse la competición liguera en agosto aparecieron todos los agujeros de una plantilla que en dos meses de preparación apenas sabía a lo que jugaba. Al principio tenía un orden defensivo y era compacta (eso hay que reconocérselo), pero en ataque lo fiaba a las individualidades improvisadas de la BBC. El Madrid de Benítez se estrenó con un sobrio empate en Gijón. Primeros dos puntos que se dejaban los blancos por el camino. Tras ello, los blancos acumularían un total de trece partidos consecutivos sin perder entre Liga y Champions, de los cuales en nueve de ellos acabaron con la portería imbatida. Los números invitaban a pensar que estaba de camino un Madrid de leyenda, pero el juego despojaba estas sensaciones por completo.

Los blancos disimularon un juego tenue y soso con victorias ante equipos (salgo PSG) inferiores, como Las Palmas, Athletic o Celta. Sin embargo, se llegó a la jornada 11. Keylor Navas había salvado la victoria blanca en varias ocasiones y, debido a una lesión, fue baja en el Sánchez Pizjuán contra el Sevilla. Su lugar lo ocupó Kiko Casilla. Esa noche fue el punto de inflexión. Los blancos bajaron los brazos en la segunda mitad y acabaron perdiendo un partido que tenían controlado. Tras ello, llegarían las derrotas clave en Liga contra el Barça de Luis Enrique y contra un Villarreal que acabó de destapar la distancia existente entre jugadores y técnico. 

El paso por el Madrigal dejó el ambiente enrarecido en las oficinas del Santiago Bernabéu, que dudaron en más de una ocasión sobre la destitución del madrileño. Siete días más tarde, los blancos remontaron en casa contra un Rayo Vallecano que jugó prácticamente una hora de partido con nueve jugadores. Una victoria que solamente se correspondía con la realidad en la materia pero no en la forma. No gustó a los aficionados que los de Paco Jémez dominaran al Real Madrid con once jugadores durante un cuarto de hora. Pero menos gustó todavía que en rueda de prensa el técnico sacara pecho de una goleada tan abultada como reprensible. La semana pasada se ganó a la Real Sociedad con dos acciones puntuales y este domingo se estrenó 2016 con un empate en Mestalla.

Cero autocrítica

Rafa Benítez llegó al club blanco con su método, sus ideas y su yo. Desde el comienzo de temporada apenas se le ha visto autocrítica a la hora de medir las derrotas del equipo. Ante la insistencia de la prensa por una explicación crítica, el técnico madrileño salía con el escudo de la imbatibilidad conseguida en jornadas anteriores. No sólo le costó asumir sus errores, sino que apenas salió en defensa del vestuario. Basta con ver sus ruedas de prensa. Primero fue con James. El colombiano, que era el jugador más en forma,  apenas contó con minutos en las primeras jornadas y el técnico lo achacó a una falta de ritmo. Después fue con Cristiano, al que le costó muchas ruedas de prensa decir que era el mejor jugador al que había entrenado. Tras el portugués, Sergio Ramos, al que el técnico señaló por una acción puntual del derbi que no gustó al camero...Y así hasta tener a media plantilla en contra. Steven Gerrard dijo en el pasado mes de noviembre que Rafa Benítez tiene que adaptarse a sus jugadores y no al revés. El encerrarse en su método, en su yo, sin ser capaz de penetrar en los jugadores le ha costado a Benítez el cargo.  

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