Cuatro meses de transición

¿Y ahora qué? Es la pregunta que seguramente se están haciendo muchos de los aficionados y socios del Real Madrid tras la derrota de ayer en el derbi. Lo voy a resumir en una palabra: tranquilidad. En las altas esferas de la casa blanca ya se han dado cuenta del error que supuso traer a Rafa Benítez el pasado tres de junio. Error que se ha propagado hasta el día de hoy, puesto que la, demostrada, mala preparación física en verano así como la desmotivación y excesiva permisividad en varios jugadores ha derivado en lo que se vio ayer. Jugadores en mala forma y varios de ellos en continua pasividad.

La culpa no es de Zidane, ni tampoco, aunque muchos se empeñen en decir lo contrario, de Florentino Pérez, a quién se culpa de todo lo que hace y de todo lo que no hace. Como escribió tras el partido Miguel Látigo Serrano, cuando un circo no funciona no suele ser culpa del que construye la carpa, sino de los payasos. Y ahí quería llegar. Como he dicho en reiteradas ocasiones, a lo largo de su mandato Florentino ha cometido muchos errores en el Madrid, pero la situación actual del equipo no es culpa suya, al igual que tampoco era culpa suya la eliminación del equipo en Copa del Rey por alineación indebida o que todo el mundo quiera jugar la final en el Santiago Bernabéu. Si hubiese permitido que el Barça jugase la final en el coliseo blanco se le habría atizado, pero como no ha cedido el estadio para albergar la final también se le atiza por no decirlo. 

Florentino Pérez, en un acto el pasado septiembre (2015) / Imagen: José Sellés

Lejos de mirar al palco, blanco fácil (y nunca mejor dicho lo de blanco) donde los haya, los aficionados deberían tener un par y mirar hacia el césped. Quienes han empatado 6 (seis) partidos y han perdido 4 (cuatro) son los jugadores. Quienes se dejaron remontar por un Sevilla desnortado y defendieron con la mirada a la MSN en el Clásico fueron los jugadores. Quienes hicieron, en parte, la cama a Rafa Benítez fueron los jugadores. Y quienes perdieron el derbi ayer porque el rival, que 72 horas antes había jugado en Holanda, corrió más que ellos son los jugadores. Hasta la fecha se salvan muy pocos jugadores, sobretodo de las llamadas vacas sagradas. Pese a que es prematura hacer juicios en febrero, no descarto para nada que haya sorpresas en verano. De hecho, estoy convencido de que llegará uno, quizás dos, galácticos y la temporada marcará el final en el conjunto blanco de un Cristiano, un Bale, un Isco o un James

Además, me consta que se quieren cambiar ciertas cosas en la dirección y planificación del primer equipo, que, hasta que no acabe la temporada no se destaparán. Sin embargo, lo que se rumorea desde los despachos de Chamartín me gusta. Pero todo esto queda pendiente del papel que haga el equipo en la Champions. El levantar o no la undécima, algo que a día de hoy me parece bastante imposible difícil, y, sobretodo, el rendimiento y actitud de los jugadores va a marcar su futuro en la entidad blanca. 

Con la Liga acabada, en palabras del propio Zidane, sólo queda preparar lo mejor posible la Champions League, única competición en la que los blancos tienen opciones reales de ganar. Desde su llegada, el técnico ha recuperado el vestuario y a ciertos jugadores, pero otros han de poner de su parte. Desde ahora hasta que acabe la temporada tienen tiempo de demostrar al francés que lo hecho en estos dos meses ha sido una mala racha, porque de lo contrario podrían estar en la rampa de salida cuando se consume la eliminación de los blancos en Europa. 

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