El Mallorca acusa la segunda 'incomparecencia'

El Mallorca cortó la racha de derrotas con un empate. Un empate que si lo analizamos en el aspecto material no está mal. De perder 0-2 a empatar, incluso poder ganar, no está mal. Chapeau por la reacción. Pero si analizamos los noventa minutos hay varias cosas que se deben analizar. Durante cincuenta minutos el equipo siguió con la misma caraja que en Los Pajaritos. Defendió atrás y apenas presionó. ¿Actitud de los jugadores o planteamiento del míster? No se sabe. Lo cierto es que una remontada épica camufla una sensación de desorden tremendo en el equipo. Una remontada que, si se hubiese consumido, sabría a más que tres puntos. El único aspecto positivo que se puede sacar es en el aspecto moral.

Ambos equipos comenzaron el encuentro con las líneas muy adelantadas y ejerciendo una presión alta. El Mallorca por momentos llegó a acumular hasta a siete jugadores en campo contrario. El posicionamiento de ambas escuadras hablaba muy bien de sus intenciones: buscar el mínimo error rival para construir un contragolpe. Pero sólo el Nástic ejecutó bien su plan. Aunque fuese porque tenían una idea clara de juego. Mientras los locales situaron sus líneas demasiado atrás, los de Vicente Moreno lograban hacer daño a través de diversas internadas de Emaná. A los veintidós minutos, un disparo desde la frontal del lateral izquierdo Mossa ponía por delante a los visitantes. Poco a poco el nerviosismo fue apoderándose de los locales, que no fueron capaces de reaccionar ante el resultado adverso. 

Óscar Díaz, en un lance del encuentro / Imagen : LFP

En el tercer saque de esquina de los catalanes, José Naranjo anotó el segundo tanto en el marcador para ajusticiar los méritos que hacían unos y otros y desatar la histeria en la grada. Fernando Vázquez reaccionó quitando a un impasible Oriol, que lleva varios partidos nefasto, para dar entrada a Edu Campabadal a los 38 minutos. El balance ofensivo de los bermellones de la primera mitad se resumió con un único disparo de Óscar Díaz de falta en el último minuto que constituyó el único acercamiento peligroso para el marco de Molina. O, resumiendo, cero (0) disparos a puerta de un equipo que se ha hartado a comprar gol. El Mallorca se fue al descanso con una sonora pitada de la afición hacia los jugadores, que se movían entre la impotencia y la indiferencia sobre el terreno de juego. 

A los seis minutos de la reanudación, Arias López señaló el punto de penalti sobre Óscar Díaz, lo que confirmaba la posibilidad de que los locales se metieran en el partido. Pero Brandon, que fue el primero en coger el esférico, falló la pena máxima. Se esfumaba demasiado temprano la oportunidad de que los locales se metieran en el partido. Parecía como si la actitud de la primera mitad hubiese contagiado ese disparo. Tras el penalti, Fernando Vázquez hizo el segundo cambio. Se retiró Pol Roigé, que no fue de los peores, y entró Diogo Salomao entre pitos por el cambio. Tan solo dos minutos después, el técnico mallorquinista agotaría todos sus cartuchos y metió a Ortuño para, con toda la pólvora sobre el terreno de juego, buscar el gol antes que el juego. 

Pero a los veinte minutos, Aníbal Zurdo cometía el segundo penalti del encuentro. El segundo a favor del Mallorca en apenas un cuarto de hora. Esta vez fue Lago Júnior el encargado de lanzarlo y de convertirlo. Casi sin querer, y más por inercia que por juego el Mallorca se volvía a meter dentro de un partido del que hacía mucho tiempo que se había desconectado. El tanto reenganchó a la afición y durante varios minutos a los jugadores. Pero en especial a Lago Júnior, que no dejó de generar peligro desde la banda y se convirtió en una pesadilla para la zaga grana. Durante el último cuarto de hora los locales activaron el modo huracán para llevar a cabo la acción de acoso y derribo sobre el marco de Molina. En el minuto 82, el central Pablo Marí fue expulsado tras recibir la segunda tarjeta del partido por una dura entrada sobre Biel Company

Brandon, que había estado desaparecido durante toda la tarde, cazó un rechace de una falta sacada por Damià Sabater y en el segundo palo conseguía establecer las tablas en el marcador. En los últimos minutos, los locales intentaron aprovechar los errores en defensa del equipo catalán, fruto de los nervios de ver cómo habían desechado un partido que tenían ganado y controlado. Pero cuando parecía que el Mallorca estaba encaminado a terminar el partido en el área rival, un grave error de Aveldaño pudo costar el punto que tanto había costado lograr. Cabrero salvó el punto en el último suspiro. 

5 partidos, 5 alineaciones distintas


Contra el Gimnàstic, Fernando Vázquez vivió su quinto partido de esta segunda etapa en el banquillo bermellón. Y por quinta ocasión consecutiva alineó un once titular con alguna variedad con respecto al anterior. Desde que el gallego cogió los mandos del equipo hace prácticamente un mes no ha repetido once titular. Además, no hay ninguna de las líneas del equipo que haya hecho pleno de partidos. De no ser por su expulsión hace dos semanas, quizás Timon Wellenreuther sería la única línea (portería) intacta. Pero se autoexpulsó frente al Bilbao Athletic. Por ello, estos dos últimos dos encuentros se los anotamos a Cabrero. La retaguardia ha repetido jugadores hasta en cuatro ocasiones, pero la lesión de David Costas hizo que Kasim jugase contra el Nástic y tampoco pudiese hacer pleno. Los otros tres, Company, Aveldaño y Oriol, lo han jugado todo con Harry Potter. En el centro del campo la pareja Yuste-Sissoko es la que más partidos ha disputado (dos), pero la acumulación de tarjetas dieron entrada a Damià y al propio Kasim. En la delantera es donde más movimiento ha habido. Unos días ha jugado Pol Roigé, otros Brandon, otros Pereira, otros Lago Júnior... Tras cinco encuentros y tres victorias, el técnico gallego todavía no tiene un once fijo. 

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