España sigue sembrando dudas

La buena defensa es un buen ataque. Esta popular expresión creo que la podemos aplicar perfectamente al partido de la selección española. Más que nada, porque sólo ha habido ataque (apenas ha habido defensa). Si bien es cierto que estos amistosos en mitad de la temporada de poco sirven, si no para probar jugadores de forma aislada, los dos amistosos, tanto el de Italia como este han dejado dos cosas claras: El equipo sigue ofreciendo dudas en ataque (hay mucho toque y mucha traslación de balón, pero apenas hay disparos a puerta) y la defensa es de todo menos segura. No soy entrenador como para evaluar a estas alturas de la preparación la garantía que ofrece la línea de cuatro de la retaguardia, pero lo cierto es que contra Rumanía se ha acabado de sufrir lo que comenzó a sufrirse contra Italia. Los rumanos cogieron a la defensa la espalda con demasiada facilidad. Espaldas mojadas, que cantaría Tam Tam Go.

El principal atractivo del amistoso era el debut con la selección de Sergi Roberto, un jugador que, como diría el propio Vicente Del Bosque, fue llamado por aclamación popular. El catalán se convirtió en el 60º jugador que hacía debutar el seleccionador español. En el once español sólo repitió Gerard Piqué con respecto al encuentro del pasado jueves contra Italia. Por su parte, el atractivo de Rumanía estaba en Florin Andone, que en menos de dos años ha pasado de jugar con el Atlético Baleares en Palmanova en 2ª División B a la selección absoluta. 

La primera advertencia tuvo acento rumano. A los siete minutos, el dorsal siete, Popa, aprovechó el hueco que se formó en el centro de la zaga española para disparar al marco que, en esta ocasión, defendió Iker Casillas. Dos minutos después, sería Piqué, quién remató un saque de falta de David Silva para intentar poner por delante a los visitantes. Acto siguiente, fue Pedro Rodríguez quien puso a prueba a Tatarusanu. Poco a poco se verían cosas diferentes con respecto al primer amistoso. Más dinamismo, más toque y, sobretodo, más profundidad, que, en esta ocasión sí, se tradujeron en ocasiones de gol. 

Gerard Piqué, en un lance del encuentro con Florin Andone / Imagen: Pablo García

Poco a poco Rumanía se quitó la presión inicial de La Roja y fue abriendo el partido gracias a la velocidad de Florin, Popa, Stanciu y Stancu. Precisamente, fue este último quien gozó de una gran ocasión poco antes de la media hora de encuentro, que paró muy bien Casillas. Los rumanos abusaron de su velocidad arriba puesto que constituyó la única vía para hacer daño a los de Del Bosque. Piqué y Jordi Alba sufrieron con los extremos rumanos y fruto de ello los locales con pocas combinaciones consiguieron hacer mucho daño. En ataque, se consiguió una mayor fluidez que en partidos anteriores, pero se abusó del centro en lugar de abrir las bandas. Por ello, sólo se consiguió crear peligro a través de centros laterales. En el minuto 33 volvió a aparecer el Casillas del 2010, el de las paradas imposibles, para sacar una volea de Stancu que fue al palo bajo izquierdo. Una parada déjà vu

Tras el descanso, Vicente Del Bosque dio entrada a Nacho Fernández, en detrimento de Piqué, y a Isco, que entró por un eléctrico Nolito. Varios jugadores cambiaron sobre el verde pero lo que no cambió fue la espalda que Rumanía le cogió a la zaga española a lo largo de toda la segunda mitad. Stancu, Florin y Popa hicieron temblar a la defensa, que tuvo constantes altibajos. Al cuarto de hora, entraron Aduriz, a quien se le volvía a brindar una oportunidad tras debutar con gol hace unos días, y Cesc Fábregas, por Paco Alcácer y Sergi Roberto. 

Los cambios introducidos por Del Bosque ayudaron a que la selección tuviese más el balón. Juntar en el terreno de juego a Cesc, a Isco, a Mata y a Silva no puede derivarse otro sistema de juego que el del toque y la posesión. Con el paso de los minutos, y aprovechando el cansancio que poco a poco se iba acumulando en los jugadores rumanos, España ganó en posesión de balón, en profundidad y en control del partido. En los últimos minutos, entró Álvaro Morata para intentar hacer daño y aprovechar las pocas contras que pudiese tener. 

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