El Barça no tiene entrenador

Una vez hayáis leído el título de este artículo os dejo dos minutos para que me llaméis oportunista. Tras ello, sigo con mi reflexión. El Barça no tiene entrenador. Lleva casi dos temporadas sin entrenador y, sin embargo, por desgracia suya, a Luis Enrique le han hecho creer desde la prensa de ese país de ahí arriba que se llama Catalunya, que diría Guardiola, que es el nuevo gurú de Can Barça. Es cierto que en España la prensa deportiva no está pasando por su mejor momento (periodístico, no económico), pero desde la prensa catalana se han silenciado las carencias del Barça riéndole las gracias en sala de prensa al entrenador asturiano. Y, claro, ante esa situación de confort, el técnico azulgrana se ha venido arriba hasta llegar al punto de dar clases de periodismo a Susana Guasch, diciéndole que sus crónicas eran superficiales. 

Desde su llegada al banquillo del Camp Nou, Luis Enrique se ha dado cuenta de que cualquier decisión suya quedaba subordinada al agrado de la MSN. Sí. Cualquier medida que tomase el gurú asturiano tenía que ser del agrado de Messi, de Neymar y de Suarez, porque de lo contrario (se ha demostrado) los resultados se comerían al técnico y los aficionados después. Por no hablar de la directiva, que la temporada pasada llegó a convocar elecciones, tras, precisamente perder también en Anoeta. ¿Os acordáis?

A cuatro puntos de los blancos, Luis Enrique comenzó el año 2015 enfrentándose a la Real Sociedad de David Moyes. Por aquel entonces la relación entre el crack argentino y el técnico asturiano no era la mejor. Fue tal el ataque de entrenador que le dio al técnico culé que comenzó con Messi y Neymar en el banquillo en detrimento de Munir y Pedro. Con un par. La chapuza costó una derrota y se abrió la caja de los truenos en la ciudad condal hasta tal punto que cuatro días después Bartomeu tuvo que convocar elecciones. Vaya faena le había hecho el amigo Luisito. Con el paso de las semanas, Juan Carlos Unzué hizo entrar en razón al entrenador y Messi se convirtió en insustituible en el esquema azulgrana. Como debería haber sido siempre. El juego de la falsa jerarquía no había agradado en el vestuario y por ello el técnico asturiano se lavó las manos y dio barra libre para que el vestuario se autogestionase. 


Luis Enrique, durante una rueda de prensa previa a un partido de Champions/ Imagen: Europa Press

Sin control ninguno, el vestuario del Barça se ha convertido en la casa de Tócame Roque. Que si Neymar le apetece irse de vacaciones a Brasil a bailar, que si dejan el vestuario del Getafe echo una pocilga, que si bailamos después de marcar el sexto gol, que si dejamos que Piqué diga lo que quiera por donde quiera... Y la última, no vetar ningún tipo de caza de Luis Suárez. Si bien a principio de curso, desde la sala de prensa el técnico mandó un par de recados al delantero uruguayo, ahora se le defiende todo. Da igual si muerde, mete codazos o da patadas voladoras. "Parece que sólo los defensas pueden pegar, siempre se le mira con lupa". Donde dije digo digo Diego.  Luis Enrique se ha convertido en el genio de la lámpara azulgrana: ellos no piden pero él se lo concede todo. Pero lo peor (y ahí se demuestra el nivel del periodismo deportivo en nuestro país en ciertos sectores) es oír la sonrisita floja de la prensa culé. Les da igual que el técnico les conteste mal o sea mal educado con ellos. Con tal de defender al Barça parece que vale cualquier forma.

En prácticamente todos los partidos en que se han enfrentado Simeone y Luis Enrique esta temporada el argentino le ha pintado la cara al asturiano. La diferencia en estos partidos ha estado en que Messi, que es el termómetro verdadero del Barça, en unos partidos ha aparecido y en otros no. Si el Barça juega ahora de una forma más practica y se han olvidado de la filosofía que tanto intentó mantener Guardiola es por falta de entrenador. Un entrenador que grite a sus futbolistas, que les cuestione cómo han jugado un partido. El técnico asturiano tiró por la vía más facil, que es delegar en Messi. Balones al argentinos. Da igual que juguemos al toque o al contragolpe. Jugando con tres jugadores como Messi, Neymar o Suárez es prácticamente imposible no marcar dos o tres goles por partido. Por lo tanto, pueden hacerle creer que es un gran entrenador rotando a Jordi Alba por Mathieu o a Alves por Vidal. Pero arriba le faltan narices para rotar (por no mencionar la fisonomía humana) a la MSN. 

¿Por qué el Barça defiende peor que con Guardiola? ¿Por qué el Barça no cuida esa filosofía del toque que tanto insistieron tantas personas? ¿Por qué Messi tira todos los penaltis y falla la mitad? ¿Por qué cuando Neymar y Messi no están el Barça no gana o no luce? Muy fácil. Os remito al título. No tiene más explicación. El intento de domar a Messi acabó en un distanciamiento entre ambos y casi le cuesta el cargo. Total, si dejando al vestuario hacer lo que quiere he ganando un triplete, pensará. Puede que estéis o no de acuerdo. Puede que seáis del Barça, del Madrid o del Tomelloso. Seguramente el propio Luis Enrique me meta en el montón y piense que yo también no tengo rigor y soy superficial. Me da igual. Pero me hago dos preguntas: ¿qué hubiera sido del Barça sin Luis Enrique? ¿Y qué hubiera sido del Barça sin Leo Messi?

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