A Portugal siempre le quedará Saint-Denis

Se acabó la Eurocopa. La Eurocopa de las amenazas, la de los controles, la de los empates, la de las 24 selecciones, la de Will Grigg. La del fin de ciclo, la de los pequeños, la de las sorpresas, la de las defensas, por desgracia, la de los ultras. La de Francia. La Eurocopa más larga de la historia ponía su punto y final en Saint-Denis, escenario de terror meses atrás y templo emblemático del fútbol francés. Acabó a lo grande para los portugueses, que gracias a un gran gol de Éder consiguieron su primera Eurocopa. Ninguna de las dos selecciones habían maravillado durante el torneo. No nos engañemos. Simplemente, eran las que mejor habían sabido aprovechar sus ventajas, pero sin apenas brillo. Portugal llegó a la final a base de prórrogas y Francia, de suerte. 

Ninguno de los jugadores quiso mirar la copa cuando saltaron al terreno de juego. La superstición, que deriva en la confianza, jugaba un papel fundamental. Y era importante controlarla en una fecha tan señalada como ésta. Ni portugueses ni franceses estaban en los planes de nadie para la final. Sobretodo participando España, Alemania, Italia o Inglaterra. Pero con corazón, con defensa, sabiendo resistir y con una pizca de suerte se plantaron a noventa minutos de levantar una copa de Europa que presentó Xavi Hernández antes del comienzo del partido. 

Portugal salió siendo un manojo de nervios. Ambos equipos parecían no estar disputando una final. Lejos de lo que suele ser habitual, ambos equipos se preocuparon más de avanzar metros en el campo que de tantear al rival. Pero fueron los de Didier Deschamps los que crearon más peligro en los primeros instantes de partido. Crearon más peligro gracias a la cantidad de balones que perdieron los portugueses en el arranque de la final. Los peninsulares dieron demasiadas facilidades. Y un despiste defensivo estuvo a punto de aprovecharlo Griezmann para, a pase de Payet, anotar el primer tanto de cabeza. No obstante, al cuarto de hora de choque la mala suerte se cebaría con Cristiano Ronaldo. Mejor dicho, Clattenburg se puso del lado de Payet. El atacante francés cometió una dura entrada sobre la rodilla del luso. Una entrada que merecía, como mínimo, la tarjeta amarilla. Pero el francés se fue sin penalización ninguna. 

Éder, en el momento en que marca el gol de la victoria / Imagen: UEFA

Cristiano Ronaldo tuvo que ser atendido entre lágrimas por los servicios médicos de la selección francesa. Fernando Santos se negaba a quitar a su buque insignia del terreno de juego a las primeras de cambio. Con el madridista, Portugal había conseguido remontar en dos ocasiones contra Hungría y había conseguido tumbar a Gales en las semifinales. Pero a los diecisiete minutos, la rodilla de CR7 dijo basta. El jugador pidió el cambio y se tiró al suelo para que entraran las asistencias y se lo llevaran en camilla. En su lugar entró Quaresma y Portugal pasó a jugar con un 1-4-1-4-1, encontrando así un mayor equilibrio sobre el terreno de juego. Con este nuevo sistema, Portugal no sólo consiguió secar a Francia, que apenas creó peligro en el último cuarto de hora, sino que acabó la primera mitad en campo galo. Los franceses sólo superaron a Portugal en el tema físico, gracias a dos armarios llamados Matuidi y Sissoko

En la segunda parte, Deschamps retiró del terreno de juego a Payet y metió a Kingsley Coman para refrescar la banda y ganar mayor profundidad. El mal partido de Payet, ayudado por su entrada a Cristiano, provocó que el francés fuera sustituido entre pitos. A los veinte minutos llegaría una de las ocasiones más claras, si no la que más, del partido. Un centro del propio Coman desde el vértice del área lo remataría Griezmann a escasos centímetros del larguero. El partido fue perdiendo consistencia y los ataques comenzaron a superar a las defensas. Y más cuando los laterales se animaron a subir, sobre todo en Portugal.

A diez minutos del final, el partido se convirtió en el partido de los paradones. Un festival en las dos porterías justificaron un partido tácticamente muy rico y futbolísticamente muy pobre. Hugo Lloris sacó un centro envenenado de Nani con un paradón y posteriormente paró sobre la línea un acrobático remate de Quaresma. Portugal poco a poco se iba animando y Francia lo fiaba todo al físico y al talento de Griezmann, Gignac y Coman. Tras ello, el turno sería de Francia. Fue Sissoko quien se sacó un latigazo desde treinta metros que paró de forma magistral Rui Patricio. El miedo se apoderó de Portugal en los últimos minutos, que inconscientemente fue retrasando metros. Los noventa minutos reglamentarios concluirían con un remate de Gignac, tras un recorte magistral a Pepe, al palo. El partido se iría a la prórroga y ambos equipos permitieron, en un acto de generosidad, que España siguiese defendiendo título durante media hora más. 

Durante la prórroga se siguió el mismo guion del partido. Ninguno de los equipos quería arriesgar. El aspecto físico superó al futbolístico. Pero en el minuto 109 llegaría el momento clave. Un balón que se encontró en la frontal del área Éder, consiguió, tras varios amagos de remate, batir a Hugo Lloris y marcar el tanto definitivo que daría a Portugal su primera Eurocopa. Todos los jugadores portugueses lo celebraron, juntamente con los suplentes  y el seleccionador. Cristiano Ronaldo, que, tras la finalización de los 90 minutos, salió del vestuario para ejercer de verdadero líder, acabó entre lágrimas por haber ganado una final que no había podido disputar. 

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