El caso GasK.O.igne

Hace unas semanas, el periódico inglés The Sun publicada unas sobrecogedoras imágenes sobre el estado físico de Paul Gascoigne. A primera vista, muchos (y yo me incluyo) pensaban que era un pordiosero sin más que era noticia por algo. Pero no era ningún desconocido. Se trataba del ex futbolista inglés. La estampa era deplorable: salía de un taxi, con la mirada perdida, una brecha en la frente y un cigarrillo doblado en la boca. Según cuenta el tabloide, se había parado para adquirir alcohol y tabaco. Pero su imagen no se acababa en su cara. El inglés sólo iba cubierto por una bata, algo extraño que sólo el alcohol puede justificar. Una bata que en algún momento se desabrochó. Además, según contaban varios testigos, durante esa misma semana había tenido varios encuentros con la policía en su casa debido a altercados.

Nunca una imagen había engañado tanto. Ese sujeto que se ve bajando del taxi tiene sólo 49 años, pero lo cierto es que aparenta más de sesenta. Por mi temprana edad, apenas lo he visto jugar y se me hacía muy difícil orientarle una edad en el 2016, pero el desgaste que ha sufrido su imagen y, sobretodo su persona, da lugar a confusión. En los últimos tiempos parecía que el ex futbolista inglés estaba viendo la luz al final del túnel. Recordemos que en 2010 tuvo varios accidentes de coche y el alcoholismo le obligó a ingresar en una clínica de desintoxicación. Cinco años después, parece que ha recaído y, además, lo ha hecho por la puerta grande. 

Esta historia lleva intrínseca una necesaria reflexión sobre la educación, sobretodo de los más jóvenes en el mundo del deporte. Es cierto que en las canteras de hoy en día hay unos controles y una educación desarrollada que no había en los años setenta. Pero aún así debemos indagar. Paul Gascoigne siempre ha tenido problemas con el alcohol. Los tenía de joven, siendo canterano del Newcastle, siendo futbolista y, todavía más, retirado. ¿Hasta qué punto es importante la educación en los futbolistas? No me refiero a la educación en sí, a la de respetar las formas, que también. Me refiero a la educación sobre los hábitos que cogen los jóvenes, periodo en el que es más fácil cambiarlos que no con cincuenta años. La educación ha de partir principalmente de los padres, que son los que deben ayudar a sus hijos a que cojan buenos hábitos. Es su función principal como padres. Pero también me refiero a la educación académica.

Imagen publicada por The Sun: Paul Gascoigne sale de un taxi a por alcohol y tabaco / Imagen: The Sun

Que el jugador tenga la cabeza ocupada durante su carrera en unos estudios le ayuda a no tener tanto tiempo para pensar, tiempo que puede matar bebiendo, como pasó con Gascoigne. De ahí que alcoholismo y educación tengan algo en común que hayan llevado a esta reflexión. Pero también le ayuda a que en un futuro, cuando acabe su carrera, tenga un proyecto, una base. El "Mono" Navarro Montoya, en una tertulia en Radio Marca explicó el escenario de forma magistral: "En el fútbol es muy difícil llegar a la élite. Muchos se quedan por el camino. De toda una generación de futbolistas de diez o doce años seguramente el 80% se queden por el camino y deben de tener unos estudios". Ni un pero ni una coma.

Es función de los entrenadores el inculcarles los valores del fútbol, pero también de los padres el estar pendientes de que complementen los estudios con el fútbol. El ser futbolista no es incompatible con el estudiar y los padres son los primeros que deben hacérselo ver a sus hijos. Siempre hay casos excepcionales. Hay jugadores de familias más humildes que se dedican plenamente al fútbol desde los 16 o 17 años para sacar a su familia adelante. Estos casos son excepcionales y se les ha de reconocer el sobreesfuerzo que hacen para sacar adelante a una familia. Son casos en los que la vida no les ha dado otra opción. Son casos entendibles. Pero la dejadez, el agachar las orejas ante las turbulencias o el dejar que los hijos, amigos o compañeros se autgestionen en situación de problemas lleva a casos como el de Gascoigne. No sabemos con exactitud qué porcentaje de culpa pueden tener los compañeros o los familiares en su caso, pero sí que debería de ser un caso que sirviese de referente. 

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