Bale y Marco descosen a la Real

Se abrió el telón de la Liga para el Real Madrid en Anoeta. Lo hizo en un partido que la Real Sociedad se tomó casi de pretemporada y los blancos con la suficiente concentración como para ganar sin grandes alardes. El Real Madrid no necesitó grandes exhibiciones, demasiada intensidad, ni hacer un fútbol espectacular, que diría el actual entrenador del Bayern. Bastó con aprovechar los numerosos descosidos en defensa, los huecos que dejaron los locales para anotar tres goles que permiten comenzar el curso con dos puntos más que la temporada pasada. Con un buen Morata, un correcto Varane, un disciplinado Kovacic y un espléndido Marco Asensio, Zidane se asegura tener buen banquillo. 

Zidane dio continuidad a la confianza que había depositado en Marco Asensio en la final de la Supercopa, que fue devuelta con un gol del mallorquín, en detrimento de James e Isco. El técnico francés tradujo la devoción hacia el mediapunta demostrada en sala de prensa en una segunda apuesta como titular. El técnico francés demostró ser valiente y fiel a sus ideas al repetir esa apuesta. Y el chico la devolvió como sólo sabe hacerlo: jugando bien, que es la suma de su talento innato más el trabajo, y marcando. Un golazo, además. De los que quitan el hipo y de los que le gustan a Julen Lopetegui, que estaba en el palco.

Poco tardó el Real Madrid en llegar al área y menos Gareth Bale en ponerse el mono de trabajo. El de Gales, que terminó la temporada pasada en un estado espectacular y que había completado una gran Eurocopa, anotó el primer gol a los setenta segundos de partido. Un cambio de orientación de Sergio Ramos para Dani Carvajal acabó en un centro del lateral diestro para que Bale ganara la partida a la defensa vasca y pusiera a los blancos por delante. La tarde comenzaba bien para los madridistas, que no querían dejar ni un metro de ventaja al Barça. El set que los de Luis Enrique endosaron al Betis no asustaba y la mejor forma de neutralizarlo era ganando.

La Real Sociedad que pecó de poca presión y cuando intentó presionar llegó tarde a todas las coberturas. La sorpresa txuri urdin fue la titularidad de David Concha, que, junto con Mikel Oyarzábal formaban una pareja de futuro en San Sebastián. Además, la referencia arriba era el joven Juanmi, cuya titularidad también pilló por sorpresa a todo el mundo. Y más estando Carlos Vela y Willian José en el banquillo. La escasa presión local la aprovecharon los blancos para jugar con mayor tranquilidad. Tranquilidad se tradujo en sacar el balón jugado e incluso llegar con cierta facilidad al área de Gerónimo Rulli. Los de Eusebio Sacristán estaban con el síndrome postvacacional y los dos equipos lo notaron. A la media hora de la primera parte, Toni Kroos sacó una falta desde el lateral en la que Rulli salió a por uvas y por poco Sergio Ramos consiguió el segundo. Su remate, vencido Rulli, se marchó alto. Cinco minutos, el argentino lo compensaría con una gran parada a Morata. Pero a los cuarenta minutos, Marco Asensio aparecería para deleitarnos con una preciosa vaselina para poner el segundo tanto en el marcador. El mediapunta acumulaba dos goles en sus dos titularidades. Existen pocas formas más agradecidas y más efectivas de devolver la confianza del entrenador. 

Marco Asensio celebra con rabia el segundo tanto en Anoeta/ Imagen: UEFA

La segunda parte comenzó con la Real cometiendo varios errores en defensa y con dos llegadas al área de Álvaro Morata. La primera concluyó con un piscinazo del canterano que le costó la tarjeta amarilla y la segunda con una doble ocasión. Primero, del propio Morata, cuyo disparo atajó Rulli y el rebote lo cogió Toni Kroos para estallar el balón contra el larguero. El tercer tanto se hacía de rogar. Pero no llegaría. Se repitió el mismo guion que en la primera parte, pero sin goles. El equipo jugó con el orden que imprimió Toni Kroos, la disciplina que nos acostumbró Casemiro la temporada pasada, la corrección de Kovacic y la magia de Marco Asensio. Precisamente éste último abandonaría el terreno de juego a los veinte minutos, dejando su puesto a Lucas Vázquez. El gallego tenía la misión de mantener la profundidad que había conseguido hasta el momento el Real Madrid para buscar el tercero y evitar cualquier tipo de complicación. 

Pero a partir de este momento el partido transcurriría sin ningún tipo de novedad. Pasada la hora, Zidane decidió dar descanso a Toni Kroos y a Morata y dejar la última docena de minutos a Isco y James. Parecía difícil imposible, pero su misión no era sólo mantener la solvencia que había demostrado el equipo hasta entonces, sino hacer lo que fuese para desbancar a Marco Asensio en la carrera por la titularidad. Pero era imposible. El de Calviá había dejado el listón demasiado alto. El partido concluyó con el tercer gol blanco, que llegó de las botas de Bale. El galés corroboró haber llegado en una magnífica forma física al inicio de Liga anotando su segundo tanto. 

James, suplente de suplentes

Puede que llamara la atención la suplencia de James Rodríguez. Llamaba la atención porque Zidane metió a hasta cinco suplentes en el once inicial: Casilla, Varane, Kovacic, Marco Asensio y Morata. Esa sorpresa en el fondo debió derivar en preocupación para el propio James. Es bien sabido que Zidane no está por James. Quizá por su actitud la temporada pasada, quizá por su bajo rendimiento o quizá porque en los minutos que había jugado con él apenas había aportado. Pero se hace duro ver a un tío que ha costado 80 millones (y hacedme caso que no sé si ochenta, pero sesenta sí que los cuesta) en el banquillo. Además, fue el jugador número 14, es decir, fue el último cambio de Zizou. Entró por Morata en el minuto 77 para disputar los minutos de la basura. Aquellos minutos en los que tienes más que perder que ganar. Si James es el tercer cambio en un partido con medio once de suplentes imaginaos en un partido con los once titularísimos. Sería el jugador 17 o 18, porque claramente Zidane metería antes a Lucas, Morata o Asensio. Por ello, el Real Madrid tiene diez días para decidir si prefiere cincuenta millones en caja u ochenta en el banquillo. 

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