El Mallorca domina sin porterías

El Mallorca consiguió salvar un punto en Cádiz que durante una hora tuvo perdido. Un punto que, a priori, puede saber a poco pero que seguramente a final del curso pueda valer el salir del descenso, meterse en play-off o algo más. Un punto contra un equipo con más pegada que el Mallorca. Mucha más pegada. Un punto de fútbol, de garra y de lucha. Sobretodo esto último. De hecho, creo que la mejor noticia de estas dos primeras jornadas es que el Mallorca, a diferencia de este año, compite. La temporada pasada lo hacía a ratos y en estos dos partidos lo ha hecho prácticamente todo el partido. Se perdió contra el Reus por un gol en el último minuto, que, como dijo Culio, no volverían a marcar en su vida y hoy se ha encajado debido a un penalti innecesario de un nefasto Biel Company. Pero, insisto, el punto no es malo. El despegue definitivo debe producirse el próximo fin de semana en casa, contra el Real Oviedo de Fernando Hierro

Para la primera salida de la temporada, Fernando Vázquez optó por volver a la defensa de cuatro. Joan Oriol completó el lateral izquierdo en una alineación que presentaba un trivotazo en el medio formado por Culio, Juan Rodríguez y Juan Domínguez como novedad. Estos cambios con respecto a la derrota frente al Reus dieron su fruto. Al menos al comienzo del partido, donde se vio a un Mallorca arrollador, con intensidad, presión y, sobretodo, velocidad. Toda la velocidad que se le recriminó el pasado sábado en Son Moix se vio en los primeros instantes. El Mallorca de Cádiz era Sebastian Vettel y el de Son Moix contra el Reus Fernando Alonso

Pero antes de llegar a la media hora de encuentro, el colegiado señaló penalti claro de Biel Company a Alfredo Ortuño tras un empujón. El murciano no perdonó desde los once metros para poner a los de Álvaro Cervera por delante. El Mallorca notó el golpe anímico durante cinco minutos. Pero luego se recuperó para volver al guion inicial. Los insulares consumaron la posesión el mayor tiempo que pudieron. De hecho, las estadísticas al descanso mostraban una posesión bermellona de hasta el 78%. Todo este trato al balón no sirvió de nada porque se fueron al descanso perdiendo y sin chutar a portería. Por ahí, quizá, se podía comenzar a buscar una solución, una vez diagnosticado el problema. 

Tras la reanudación, el Mallorca siguió sirviéndose de la posesión como principal arma para intentar hacer daño al cuadro amarillo. Pero esa intención se quedó en eso. Sobretodo porque Salvi y Ortuño fueron quienes sí crearon peligro al marco de Santamaría. Con sus movimientos, el ex delantero mallorquinista fue un verdadero quebradero de cabeza para los centrales. Todo lo contrario que la última línea del Mallorca, que, a excepción de Lago Júnior, fue prácticamente inexistente. Cero presencia en el área y, sobretodo, cero peligro en el área. 

Joan Oriol, en un saque de esquina, con Dani Güiza/ Imagen: LFP

Pasada la hora de partido y viendo lo planto que era su ataque, Fernando Vázquez optó por dar entrada a Damià Sabater, quien ingresó por Lago Júnior. El cambio fue más que sorprendente porque, como bien decía en líneas interiores, el costamarfileño había sido hasta el momento el jugador más destacado en el ataque. Y la verdad es que el cambio no le salió mal al gallego. En la jugada siguiente, Joan Oriol centró un balón cuyo rechace acabó en las botas de Óscar Díaz, quien consiguió batir a Alberto Cifuentes. Óscar Díaz, como Juan Palomo, se guisó el primer disparo a puerta del Mallorca en todo el partido y el primer gol de la temporada

Minutos después de marcar, Óscar Díaz dejaría su puesto a Dejan Lekic. Y fue el serbio quien, en su primer minuto en el terreno de juego, pudo poner por delante a los suyos con un disparo que salió trastabillado por un defensa. Los minutos que Damià estuvo en el terreno de juego sirvieron para ver un Mallorca más ordenado en ataque y con más último pase. Pero el Cádiz no renunció a probar de ponerse por delante. Fue Ortuño, con un remate forzado, quien casi batió a Santamaría, pero el guardameta navarro, con más apuros de los esperados, mandó el balón a corner. En los últimos minutos, Biel Company culminó su gran noche y se autoexpulsó con otra falta innecesaria. No fue su mejor actuación, desde luego. Estuvo hiperventilado, que diría Miguel Látigo Serrano durante todo el partido y al final lo pagó él y sus compañeros. Por cierto, segundo partido consecutivo en el que el Mallorca acaba con diez jugadores. Contra el Oviedo se debería cerrar esa sangría de expulsiones y, sobretodo, estrenar el casillero de victorias. 

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