El Mallorca, ese equipo descendido para sus aficionados

Un día, a un señor llamado Kurt Goldstein, psiquiatra prusiano, se le ocurrió afirmar la siguiente frase: "El temor agudiza los sentidos y la ansiedad los paraliza". De esta frase concluyo dos cosas: la primera, que este caballero era muy inteligente y la segunda, que el Mallorca de Javier Olaizola evidencia la certeza de dichas palabras. El peor juicio que puede hacer una persona es aquel que elabora a través del miedo, de la rabia o de la impotencia, porque se tiende a que el corazón deforme la realidad de las cosas. Nada más acabar el partido del Mallorca, como viene siendo habitual cuando el Mallorca pierde (es decir, durante toda la temporada), las redes sociales se llenaron de mensajes de pesimismo. De mensajes catastrofistas y de mensajes cargados de rabia y odio que sirven más para el desahogo de su autor que para el conocimiento de los demás. Luego abrí una app y me confirmé que todavía faltan 12 jornadas. 

El Mallorca 2016/2017 es el peor clasificado a estas alturas desde que descendió a Segunda división. De ahí se entiende la preocupación del aficionado. También es el equipo que más le cuesta marcar goles. El partido contra el Rayo Vallecano en Vallecas fue la mejor evidencia de la única carencia del Mallorca esta temporada: la falta de gol. Esa falta de gol ha derivado en partidos que no se han ganado y esto ha mermado la confianza de los jugadores. Con la autoestima más baja de lo normal, claro, llegan los errores individuales. Y cuando no te das cuenta estás un año más luchando por la permanencia. Las carencias del Mallorca de Miquel Soler las tapó Xisco Jiménez con goles y las del Mallorca de Fernando Vázquez la temporada pasada, Alfredo Ortuño. Nada nuevo. Esto es algo que existe desde que el fútbol existe. El delantero referencia de la categoría que te salva en los malos partidos. Pues esta temporada el Mallorca no lo tiene y esto ha provocado que tras cada partido se le diagnostique un mal diferente, cuando, en realidad, todos los nombrados parten de esa misma base.

Los jugadores del Mallorca durante un entrenamiento en la ciudad deportiva / Imagen propia
  
No obstante, y volviendo al planteamiento inicial, me sorprende el pesimismo con el que la gente afrontan estos últimos 36 puntos en juego. No es una situación para tirar cohetes, pero quedan doce jornadas. Todo un mundo. Y en estas últimas jornadas el Mallorca se enfrentará a todos los equipos de abajo, salvo el Rayo Vallecano. En los últimos 5 años he presenciado verdaderos milagros. Un Real Zaragoza, colista y, por momentos, a 15 puntos de la salvación, lograr la permanencia en Primera con Manolo Jiménez. En un caso más cercano, en la temporada 2013/14 el Girona era el colista en la jornada 30 y estaba a 8 puntos de la salvación. El Mallorca está a tres de la salvación, que puede que sean más si la próxima semana pierde contra el líder en Son Moix. Pero a partir de ahí comenzará el tanda de partidos, perdón finales, contra los equipos de la parte baja. 

Quedan doce partidos, que el Mallorca ha de afrontar como doce finales. Cada final ha de afrontarse a través del método Rafa Nadal: olvidando el punto fallado y pensando en el siguiente. Si lo hace así, se va a salvar, porque el descenso va a ser más coqueto de lo habitual con más equipos de los que están ahora implicados. No obstante, esa salvación no vendrá de facto y pasa porque los de Olaizola jueguen con la misma intensidad con la que jugaron contra el Girona, contra el Rayo Vallecano, contra el Getafe o la primera parte contra el Tenerife. Como se viene comprobando en los últimos meses, Fernando Vázquez no era tan malo en una categoría en la que el primer paso lo han de dar los jugadores. La única desventaja con la que parte el Mallorca en esta recta final con respecto a sus competidores es en la artillería. El Almería tiene pegada, al igual que Rayo Vallecano y Córdoba. Pero si alguna virtud ha tenido este Mallorca durante esta temporada ha sido el saber sustituir la falta de gol por control del balón. A ello ha de agarrarse.

De cada vez quedan menos puntos, sí, pero el Mallorca no busca ningún récord de puntos como para entender esta circunstancia como una presión. Ha de hacer, de momento, cuatro para salvarse. De hoy en adelante el Mallorca tiene dos opciones: dejarse llevar por los desquicios y descolgarse de la lucha por la permanencia o afrontar cada partido con la intensidad propia de una final. Recalco, no como una final, sino con la intensidad de una final. Si optan por esta segunda opción, y pese al agujero enorme y decisivo que ha supuesto no tener delantero esta temporada, tendrá muchas opciones de continuar en Segunda la próxima temporada.

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