El vacío legal UEFA que 'aprovechan' los ultras

Hablar de los ultras resulta una cuestión sumamente compleja. Por su normativización y por los límites de responsabilidad, que no por la cuestión de fondo. Llama la atención y preocupa el auge de la moda ultra. Una moda que está causando efecto espejo en toda Europa. En esta edición de la Champions League, los casos han aumentado. Son muchos. Demasiados. La emboscada de los ultras del Legia de Varsovia con los aficionados del Borussia Dortmund y Real Madrid, la paliza de los seguidores de Besiktas al Nápoles, la encerrona de los ultras del Sevilla a los de la Juventus o Dinamo de Zagreb.. O ultras del PSV Eindhoven humillando a mendigas y gitanas en la Plaza Mayor de Madrid lanzándoles monedas o quemando billetes la temporada pasada. Es la denigración humana llevada a la cúspide. Cómo el único ser racional del planeta tierra puede  utilizar ese privilegio para hacer semejantes barbaridades. Cómo el hombre deja de lado su esencia para pasar a ser un verdadero animal. Al final tendremos que darle la razón a Thomas Hobbes: el hombres es un lobo para el hombre.

La normativa UEFA y FIFA presenta ciertos vacíos legales que aprovechan los ultras para poder librarse de ciertos castigos, pero no de todos. Librarse de castigos para sus clubes, que no para ellos. Los clubes, y concretamente sus presidentes, deberían de ser los primeros en no querer que semejantes delincuentes tengan un asiento asignado en sus estadios y vetarles. Pero del dicho al hecho hay un trecho. Muchos presidentes no se atreven a dar el paso y se curan en salud con el famoso "condenamos los hechos ocurridos". La condena pública es el comodín perfecto para ser políticamente correcto ante los medios, pero carece de cualquier efecto práctico. Joan Laporta fue pionero en echar un pulso a los radicales en España y en 2003 los echó del Camp Nou. Le siguió Florentino Pérez desde la casa blanca, que decidió vetar a los Ultras Sur y expulsar a varios de sus miembros diez años después.

Pero en el caso de que los presidentes de los clubes no intervengan, ¿qué alternativas hay? En el artículo 16.2 del Código Disciplinario de la UEFA se observa un vacío legal que es el que impide al máximo organismo europeo entrar con todas las de la ley hasta las últimas consecuencias. Dicho precepto menciona un listado de acciones por las que los clubes van a responder de las conductas de sus aficionados. En este caso, por aficionado (y aunque parezca una perogrullada quiero remarcarlo) entendemos aquella persona que lleva la camiseta de un equipo o lo anima. Sin embargo, la última conducta que remarca el código disciplinario dice lo siguiente: "cualquier otra falta de orden o disciplina dentro o alrededor del estadio". ¿Hasta adonde llega la medida de alrededor? Porque en función de ello, la UEFA podrá entrar o no en el caso. ¿Por qué la UEFA no entró en el caso de los aficionados del PSV que humillaron a las medigas de la Plaza Mayor de Madrid? Porque no actuaron "dentro o alrededor del estadio". Puede que actuaran a varios kilómetros del Vicente Calderón, pero mancharon el fútbol y, sobre todo, la competición que el organismo europeo gestiona.

Grada del estadio Vicente Calderón durante un encuentro, con la policía supervisando / Imagen propia

Los artículos 69, 70, 71 y 72 del Código Disciplinario de la RFEF mostrarán la misma carencia que el de la UEFA. Dichos preceptos censuran todo acto violento, racista o xenófobo, pero se deduce que solo tiene potestad para intervenir dentro de los recintos. En un listado de supuestos que aparecen en el artículo 69 del código, hay algunos de ellos que se indica expresamente que ha de ser dentro de recintos deportivos, como son los supuestos a) y b). Pero, de otro lado, el apartado c) sanciona la entonación de cánticos que inciten a la violencia o constituyan manifiesto desprecio a las personas que intervienen en el encuentro. No se especifica si dentro o fuera de los recintos deportivos. El propio código se cubre las espaldas titulando al precepto actos y conductas violentas, racistas, xenófobas e intolerantes en el fútbol. Esa coletilla de en el fútbol podría entenderse que se refiere dentro de los recintos deportivos y a ello se aferra la federación. Por lo tanto, también se lava las manos si fuera hay altercados.

Todos los altercados que los ultras han provocado durante su estancia en las jornadas de Champions League en España no se han librado de su pertinente castigo. Sus clubes sí, puesto que los aficionados los han ocasionado fuera del estadio. Pero esa denuncia hacia los ultras ha llegado por parte de particulares o de la justicia ordinaria. En ningún caso ha intervenido ni la UEFA ni ningún otro órgano delegado. De ahí que a los ultras no les preocupe la posible expulsión de su club de competiciones europeas por alterar el orden público fuera de los estadios. La única preocupación que tienen es la multa que tengan que pagar o el tener que declarar ante los juzgados porque las asociaciones del pequeño comercio de la ciudad de turno les haya denunciado. Pero por la expulsión de su club no temen. 

La UEFA debería de corregir esta situación. Terminar con estos comportamientos depende de la voluntad de quienes les permiten que actúen. Los clubes que les permiten la entrada a sus estadios, pero también de los órganos de competición. El primer paso que debe dar la UEFA es la modificación de ese artículo 16.2 por el cual solo puede sancionar a los clubes si sus aficionados cometen altercados dentro o alrededor de los estadios. El aficionado que altera el orden público con la camiseta de un equipo representa a este equipo. Y un club no debería de permitirlo. Al menos, si es socio o abonado, retirándole o vetándolo de cualquiera de sus instalaciones. En la voluntad de las partes está el cambio. 

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