El día que los ultras dieron ejemplo

Sumergidos de lleno en un auge de la moda ultra en el peor sentido de la palabra, donde se aprovecha cualquier viaje para destrozar escaparates, armar escándalo en bares y restaurantes o agredir a aficionados rivales, merece la pena destacar una escena. Un acontecimiento que se produjo en la noche de este jueves, 6 de abril, con motivo de la celebración de la final de la Copa Federación. La disputaron Atlético Saguntino y C.F. Fuenlabrada. Se disputaba el partido de vuelta de dicha final, en el Nou Camp de Morvedre, en Sagunto, Valencia. Una historia que trasciende lo deportivo y resalta los valores que transmite, o debería transmitir, el deporte. Unos valores que parece que muchos aficionados hoy tienen llenos de polvo en alguna estantería olvidados.

Como era de esperar, acudió la afición local en masa para arropar a su equipo, que había conseguido un empate a cero en el partido de ida en Madrid que le permitía proclamarse campeón si ganaba el partido. A la cita no podían faltar los ultras del equipo, denominados Frente Romano. Desde Madrid se habían trasladado aficionados del Fuenlabrada, así como los ultras del equipo madrileño, que se denominan La 12 Sur. El partido terminó con la contundente victoria de los locales por 3-0. Los valencianos heredaban el trofeo que la temporada pasada se había adjudicado el Atlético Baleares, también contra un equipo madrileño, el Rayo Majadahona. Pero el aspecto más positivo del encuentro llegó al final. El Fuenlabrada, equipo que había caído derrotado, colgó en sus redes sociales un vídeo donde aparecían sus ultras junto con los del rival, el Frente Romano, y donde podía leerse el siguiente mensaje: "No os olvidéis de que el FÚTBOL TAMBIÉN es esto. La 12 Sur y Frente Romano unidos al final del partido". 

Los aficionados del Fuenlabrada, llegados desde Madrid, antes del partido / Imagen: RFEF
 
Se tiende a pensar que al tratarse de dos equipos de Segunda División B hay que darle menor relevancia o menos visibilidad. Y sucede todo lo contrario. Esta temporada se han visto las mayores barbaridades del fenómeno ultra de los últimos años. Sobre todo en cantidad. Pero no solo en el fútbol profesional o semiprofesional. También en el fútbol base, donde hace menos de un mes un grupo de padres provocaron una batalla campal en el campo municipal de Alaró, en Mallorca. Indisciplinas que las han terminado pagando sus hijos, puesto que el club decidió retirar al equipo de la competición. El hecho de Mallorca sirvió para concienciar a familiares y aficionados de un fenómeno que, por desgracia, se ve cada fin de semana.

Mensaje en Twitter del Fuenlabrada, justo después de perder la final / Imagen: CF Fuenlabrada

En medio de un panorama tan descontrolado, tan preso de los impulsos y de los estímulos, se han de aplaudir los comportamientos como los de los ultras de Atlético Saguntino y Fuenlabrada. La mayoría de los directivos del fútbol español y de los presidentes de las federaciones condenan todos los actos violentos, pero nadie mueve un dedo para frenarlos. Sobre todo si afectan a su equipo, no sea cosa que los que animan dejen de animar. Solamente cuando suceden desgracias. Por ello, son los propios aficionados quienes han de dar el primer paso. Este paso comienza por cambiar los hábitos, como hicieron esas dos aficiones, que entendieron el partido más como un premio que como una necesidad. Dos aficionados que priorizaron los hechos a las palabras, justo lo que hace falta en la sociedad.

Dos aficiones de dos equipos humildes que supieron empatizar con la afición rival y entendieron que el equipo y la afición rival tiene tantas ganas como ellos de ganar un torneo y de hacer una buena temporada en Segunda B que haga cuadrar las cuentas a final de temporada. Y La 12 Sur y el Frente Romano demostraron ser un ejemplo de civismo, pero , sobre todo, de deportividad. Fueron una demostración de que sí, los ultras también pueden dar ejemplo en los campos de fútbol. 

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