Las siete vidas que quiere apurar Olaizola

"Ya saqué una situación así hace tres temporadas y creo que lo puedo hacer otra vez". Tocado, pero así de convencido, seguramente más por el corazón que por la cabeza, respondía Javier Olaizola en la sala de prensa del estadio de Santo Domingo. El Mallorca acababa de perder la primera final por la permanencia. La había perdido por diversas causas, la principal, la falta de atrevimiento, el agarrotamiento fruto del miedo. El miedo a fallar, el miedo a perder. Y se perdió. Siguiendo la tónica habitual de esta temporada, el Mallorca dejó una imagen muy partida fuera de casa.

Lo más curioso de la situación que atraviesa el conjunto bermellón es el ambiente que se respira entre su masa social. Un ambiente muy distinto al de hace cinco temporadas, cuando el, por aquel entonces, Mallorca de Gregorio Manzano se jugaba el descenso a Segunda. En el ambiente actual reina el pesimismo en su máxima expresión, algo que no se contempla en el resto de aficiones de los equipos que están abajo. La única explicación que le encuentro a ese sinsentido y a ese tenebrismo que merodea entre la afición es el agotamiento mental. Y lo entiendo. Pero, pese a que parece que se quiere descender al Mallorca antes de tiempo, quedan diez jornadas. Diez jornadas de las que seis se disputarán en la isla y contra los últimos clasificados. El Mallorca tiene el mejor calendario posible para esta recta final. Diez jornadas en las que casi nadie cree, salvo el propio Olaizola.

Javier Olaizola, durante una rueda de prensa en la ciudad deportiva del Mallorca / Imagen propia
 
El vasco tiene el gran reto de trasladar esa convicción al vestuario, que está con su entrenador. El trabajo mental será fundamental para estas últimas citas. Y el eje principal de todo equipo está en el aspecto psicológico, en la confianza. En el Mallorca están los mismos defensas que encajaron solamente un gol en cinco partidos a principio de temporadaPor ahí ha de comenzar a trabajar el vasco, en recuperar la confianza de los jugadores. De reconstruir en tiempo récord el equipo de atrás para adelante. Sobre todo, de atrás. Pese a haber sido criticado, la falta de gol no es culpa de Javier Olaizola, al igual que tampoco lo era de Fernando Vázquez, que ahora resulta que no era tan malo. La única carencia en la plantilla del Mallorca esta temporada ha sido la falta de un delantero. De un delantero que asegure goles, pero, sobre todo, que aporte movilidad arriba. Un descosido que está engrandando de cada vez el problema. Como diría el gran Matías Prats, se puede decir más alto, pero no más claro.

Quedan diez jornadas y treinta (30) puntos en juego. Y esos treinta puntos el Mallorca se los jugará contra equipos que se juegan lo mismo que los bermellones. Además, de esas diez finales que quedan, seis se disputarán en casa. Puede que contra el Gimnàstic el Mallorca salga al terreno de juego a cuatro o cinco puntos de la salvación. Los bermellones ya desperdiciaron la primera final por la permanencia en Alcorcón. Tienen una segunda oportunidad. A partir de ahora cualquier victoria puede valer doble: por el hecho de sumar los tres puntos que te vuelvan a dejar a las puertas de la permanencia y por el subidón moral que puede suponer para afrontar los últimos partidos. La permanencia barata que el calendario pone a disposición del Mallorca no ha de terminar convirtiéndose en una permanencia a precio de Starbucks.

Sin Culio ante el Gimnàstic

Quien no podrá estar el sábado en el partido contra el Gimnàstic de Juan Merino es Juan Emmanuel Culio. El centrocampista argentino vio en Santo Domingo la décima tarjeta amarilla del presente curso y deberá cumplir una segunda sanción por acumulación de tarjetas. La amonestación se la mostró Valdés Aller en el minuto 65 de partido tras cortar una jugada de contragolpe de los locales. 

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